viernes, 24 de junio de 2011

Los ojos son el espejo del alma

- Es subnormal, ¿no le ves? Deja de tratarle como a los demás, no es como los demás.
- ¿Crees que por tener una discapacidad quiere que le traten de manera diferente, que quiere que todo sea más fácil?

Que error tan grande. Mírales, te regalan una sonrisa en todo momento, no me digas que no son una belleza de personas. Es verdad, les cuesta hacer las cosas, pero su espíritu de superación es tan grande que acaban haciendo todo mejor y con más sentido que las personas que no tienen problemas como los suyos, porque ponen todo su empeño y sus ganas en hacerlo bien, saben que no todo el mundo les acepta. De hecho, la mayoría no lo hacen. Agradezco de todo corazón a los que les dan oportunidades y les aceptan tal y como son. Con sus virtudes y defectos, con sus sonrisas y sus lágrimas, con sus capacidades o sin ellas.
Nadie es superior a otra persona por el hecho de no tener discapacidades, al contrario, la mayoría de las veces se aprecia mucho más a esas personas que lo dan todo cuanto pueden, al máximo, las que refuerzan su espíritu de superación día a día, luchando por ser alguien en este mundo.

Sí, a veces se hace difícil, muy difícil. Pero ya sabes, si un día no lo ves bonito cambia tu forma de pensar y disfruta. Por lo que si crees que no te queda paciencia, recuerda las veces que tú llorabas y ellos te abrazaban mientras te hacían sonreír. Lo van a seguir haciendo, porque son geniales, y tenemos suerte de que sean como son.

Mirad que ojos tan limpios y que alma tan inocente.

miércoles, 8 de junio de 2011

Do not ever change

Tras varios días de reflexión sobre una y mil cosas, escribo en la recta final de este curso. Han sido nueve meses largos, aunque parece que fue ayer cuando entramos en el teatro de Domingo Savio (en nuestro querido colegio Salesianos de la Trinidad), con ese olor que siempre (nunca) nos pareció agradable.
Había echado de menos todo, incluso el agradable hedor del que acabo de escribir. Bueno me dejo de olores y voy a lo que me interesa (a lo mejor no sólo a mí, sino también a la persona que se ha quejado de que no he escrito sobre ella en el blog). Vale señorita Belén Sánchez Peña, esta entrada es exclusivamente suya, espero que disfrutes (y discrepes).
Si empiezo (que no estoy empezando realmente) diciendo todo lo que ha pasado en más o menos 270 días esta sería una entrada excesivamente larga, por lo que voy a centrarme (otra vez). Pero sigo tecleando y borrando palabras, porque no sé entrelazar los acontecimientos. ¿Qué te digo? ¿Gracias? Vale, gracias por enésima vez. Por el apoyo en todo momento, por tu preocupación aunque no fuera contigo, incluso por tus "grasia", como tú dices. Ah, también por parecernos en algunas cosas, quizás esa haya sido una de las razones por las que has conseguido entenderme un poquito. Aun así, me has comprendido otras muchas (no, no está mal dicho, entender y comprender no es igual).
Belén, son tantas cosas que me cuesta sacarlas. Qué más te digo, ¿que te quedes? Ya será la vigésimo séptima vez que te lo pido. Sé que tú no puedes hacer nada, pero al menos que te asegures de que no me eres indiferente, aunque creo que lo tienes más que claro.
Que sepas que al igual que tú has estado ahí, yo también. Que puedo ayudarte si me lo permites, y que a estas alturas será imposible olvidarte (normal, después de tantas clases de inglés y de tantos "¡Mañana toca Grammar chicos!"...)
Si no estás el año que viene, que sepas que te echaré de menos, y que no seré la única.
Ya sabes cómo acordarte de mí, ¿no?
Si no, te recuerdo el título: No cambies nunca.