domingo, 18 de septiembre de 2011

Nature

Hace unas 24 horas aproximadamente viví un momento que quise considerar mágico, de eso que te hacen pensar que el mundo es mejor cuando ocurren.
Me encontraba con mis cuartos traseros apoyados sobre el cemento, de manera que las piernas colgaran verticalmente al agua, dejando que la suelas de mis zapatillas de deporte tocaran (sin contactar) el río Guadalquivir.
Lo asombroso no fue tocar el agua sin tocarla, que ya es decir. Me di cuenta de cómo los patos que navegaban en aquella superficie hachedososa hacían mecer el agua a su nado. Y hacían de aquella simple maniobra un espectáculo de ondas acuáticas.
Y, cómo no, quise participar en ello. Comencé a dar chasquidos con la suela de los botines, dejando que las aves que allí se encontraban hiciesen también algún solo rítmicamente visual. El caso es que no sólo llegamos a formar un espectáculo sordo, sino que a su vez, haciendo caso omiso a ningún compás, escribíamos una sinfonía navegante.
Al darme cuenta de lo que sucedía, sonreí. Y sólo me vino un pensamiento a la mente: La naturaleza hace milagros reales, hace que te olvides de lo que tienes a tu alrededor para percatarte de que lo realmente bonito y especial está en lo pequeño, en lo que sólo una persona tendrá la suerte de disfrutar, y me siento afortunada de que el mundo me haya brindado esta oportunidad, y de que yo haya sido capaz de entenderme con él.

Echaba de menos este tipo de ideas, así que me alegro también de cada cosa que va ocurriendo en mi vida. *Carita sonriente*

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