sábado, 7 de enero de 2012

Between yesterday and tomorrow

Hoy es siete. Y me encanta el número siete. Míralo, qué elegante, siempre tan agudo, sin curvas. Es todo un caballero.
Por eso escribo hoy. Porque me parece que, además de ser un día precioso, es siete. Me alegra, y a la vez me entristece.
Días como hoy, como ayer y como mañana. Días en los que me da por pensar y recordar. Pensar por qué hice algo o no, recordar cuál fue la razón. Y finalmente saber que sucedió, y que ya ha quedado atrás.
Me acuerdo de momentos felices, y que ahora duelen.
Como cuando mi abuelo Antonio nos traía cada fin de semana que visitábamos su pueblo una bolsa repleta de gusanitos y de todas las chucherías que te pudieses imaginar. Ahora tristeza. Te echo de menos, abuelo.

Encuentro rastro de momentos en cualquier lugar. Huellas en mi piel, cicatrices. Fotos ya algo antiguas, las más bonitas, en las que nadie se preocupaba si alguien nos capturaba o no, porque estábamos felices.

Aun así, estoy muy contenta. Ahora suena el teléfono, y me recuerdan que me quedan tantísimas cosas por vivir. Tantísimos futuros recuerdos felices. Entonces ya no hay rastro de tristeza.
Volverá a aparecer, pero vendrá de algo bonito, seguro, y eso está bien.

Vuelve a sonar el teléfono. Suena la canción. Ésa que algunas personas califican como "Oh, por Dios. ¿Qué es eso?". No importa, ellos parecen que quieren perderse cosas.

Dejo que suene "I don't wanna miss a thing".

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