Se hacen pesadas, a veces casi insoportables. Una tras otra, pam, pam, sin parar. No te dejan recobrar el aliento. Crees haberlo dejarlo todo a un lado cuando de nuevo te atacan por la espalda, y jamás las respondes con un golpe acertado, nunca. Siempre que una persona tiene problemas en tu contra te tocará a ti soportarlo, pero ¿qué se le va a hacer? Por mucho que lo intentes, vas a perder. Y casi que es lo mejor. Déjale ganar, que disfrute su amarga victoria, en realidad eres tú la persona inteligente en toda la situación.
No seas cobarde si estas malas amigas desean herirte, dejarte fuera. Enfréntate a ellas, usa tu mente, no sólo tus ganas de dejarlo todo claro de malas formas.
Es verdad, lo olvidaba. Cuando vienen tan seguidas no puedes controlarte. ¿Y qué haces entonces? Lo echas todo por la borda, no tienes en cuenta las consecuencias que ello acarrea, y lo haces mal. Lo hago mal. Por suerte, siempre existen aquellas personas con las que es necesario discutir y al final volverán a ser tu gente, como siempre lo fueron.
¿De qué sirve entonces?
Pues según tu caso, puedes hacer que todo vaya a peor y perder a alguien, o puedes darle la vuelta al asunto, ponerte en tu contra si hace falta, hacerle recapacitar, ser inteligente, utilizar la cabeza, intentar amarle antes de odiarle o criticarle. Así sí vale. Muy bien, intentaré no equivocarme nunca más.
Déjalo ir...
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